La casa de los espíritus en tiempos del Covid-19

En estos días de pandemia he vuelto a la lectura de obras que leí en mi juventud. Tengo claro que mis percepciones han cambiado con el transcurrir del tiempo debido, seguro, a los avatares de la vida y a las nuevas experiencias. Guardaba en mis recuerdos esta novela sin mayores detalles, ni precisiones, nada de nombres, ni lugares y menos los acontecimientos que allí se narran «La casa de los espíritus» primera obra de Isabel Allende publicada en 1982. Lo que más evocaba al hacer memoria sobre la trama, eran los grandes amores y desamores de una familia y claro, no olvidé a la protagonista que tenía la extraña habilidad de comunicarse con los espíritus; no más, pero me había dejado una buena sensación en el paladar y pasado tantos años quise volver a saborear.

En estos prolongados días de obligado aislamiento —cumplido más por sentido de supervivencia— busqué en la estantería de mi casa el libro, no lo encontré, pero en estos tiempos eso no es justificación para no leer, así que recurrí a una biblioteca virtual. Me enfrasqué en su lectura y fui saboreando la historia de los personajes de generación tras generación, —salvando las distancias recordé pasajes de Cien años de soledad, del gran Gabo— con una prosa fluida, cotidiana me introdujo a sus escenarios y familiarizó con sus personajes.

La novela está en voz de un relator —que recién al final descubres de quién se trata— y de uno de los protagonistas, en primera persona; entre los dos retratan las difíciles, y por momentos inverosímiles, circunstancias de una familia a lo largo de cuatro generaciones, personajes que encuentras en otras de sus novelas, como «Largo pétalo del mar» (2019).

En días en que las noticias son monotemáticas (Coronavirus) esta lectura fue para mí una alternativa, ya que como decía al inicio comprobé que mi percepción de la misma cambió. No solo me engancharon los avatares de los amores locos —con los que soñaba en mi juventud en que vivía enamorada del amor— sino que me enganché con los hechos históricos que la autora entrelaza de una manera imperceptible con la fantasía, «realismo mágico» le dicen, relata acontecimientos que protagonizan los miembros de una misma familia desde fines del siglo diecinueve hasta pasado el medio siglo veinte, donde tras describir las transformaciones de sus relaciones familiares con sus encuentros y desencuentros, no los libera de los efectos de los cambios y la convulsión social que afecta a Chile a principios de los setenta —que no es diferente a lo que se vivió en los otros países de la región— donde se manifiestan las luchas por las reinvindicaciones sociales y los planes de quienes ostentan el poder para «salvar al país del comunismo», todas estas situaciones se mezclan con el relato principal haciendo la lectura ligera no un manifiesto político. Permite hacer paralelos con situaciones que vivimos en Perú, Argentina, Uruguay, Bolivia, El Salvador y otros países de América del Sur y Centroamérica. Se habla de reforma agraria, de devolver la tierra a quien la trabaja, de revolución, de injusticias, de expropiaciones y de intolerancia que llevan al país a un golpe de Estado con interrogatorios, atrocidades, violaciones, torturas, desapariciones que  fueron el modus operandi de las dictaduras militares que gobernaron a los países de la región en aquellas épocas —en la segunda mitad del siglo veinte—.

En los noventa el cineasta sueco Bille August llevó a la pantalla grande The House of the Spirits protagonizada por Meryl Streep, Jeremy Irons, Glenn Close, Winona Ryder, Antonio Banderas y otros, no la he visto tal vez la busque por curiosidad, para saber cómo la interpretaron, pues por mi experiencia, no todas las películas logran recrear en imágenes lo que los autores describen con palabras. La imaginación con la lectura es más rica, variada y poderosa que un film. No es que reniegue del cine, por el contrario, son géneros distintos para disfrutar cada uno en su formato.

Publicado por lilicarpe

Provengo de una familia numerosa, de trece hermanos y formé una más acorde con los tiempos, de dos hijos, ahora adultos maravillosos, el mayor es comunicador e historiador y el menor es músico, compositor, cantante, director y productor de teatro musical, son mis orgullos. Soy periodista y comunicadora he trabajado por casi tres décadas, primero en medios como la radio, luego en televisión como reportera donde cubrí toda variedad de noticias, desde policiales, locales, deportivas hasta política. Tuve como fuente fija el Congreso y Palacio de Gobierno. Dirigí diferentes noticieros y gerencias de prensa en cuatro canales de TV de Lima. Mi experiencia periodística me llevó al otro lado, a ese al que los medios de comunicación los tienen como fuente fija, para fiscalizar y escrutar sus deficiencias y debilidades: el Estado. Fue un reto he dirigido las oficinas de comunicaciones de algunos ministerios e instituciones públicas, puedo decir que he conocido a la burocracia por dentro. Por estas correrías, como periodista y comunicadora, he tratado con incontables personas y variadas personalidades, presidentes de la república, ministros, políticos, empresarios, funcionarios, personas comunes, artistas, deportistas y he aprendido a contar sus historias en poco caracteres —lo que me ha sido muy útil—; lo que mas atesoro es la variedad de vivencias, que hoy por hoy se suman a las mías. Esa es en síntesis quien soy, guardo variedad de recuerdos buenos, no tan buenos y malos, no solo como profesional, más como persona, experiencias de vida que vuelco como relatos cortos, cuentos, anécdotas, opiniones, crónicas, microrrelatos o lo que fluya en este blog, que con frecuentes intermitencias retomo con el propósito de no volver a abandonar; la vorágine laboral a veces me ha absorbido al punto de alejarme de lo que más me gusta, además de leer y escuchar música: escribir.

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